La guerra que comenzó la mañana del 7 de octubre permanece sin resolverse. Hamás no ha sido desarmado; su futuro en Gaza sigue sin definirse y la cuestión de quién gobernará Gaza continúa sin respuesta.

Hace tres años, esta misma mañana, Israel despertó ante lo inimaginable.
Terroristas de Hamás habían traspasado la frontera de Gaza, invadido comunidades y bases militares, atacado un festival de música, asesinado a unas 1.200 personas y arrastrado a 251 rehenes hacia Gaza; todo ello en cuestión de horas, mientras el país sufría la jornada más mortífera desde su fundación.
Tres años después, puede resultar tentador considerar el 7 de octubre como un episodio sombrío que pertenece al pasado. Sin embargo, Israel nunca ha tenido realmente la oportunidad de dejarlo atrás.
La guerra que comenzó aquella mañana aún no se ha resuelto por completo. Hamás no ha sido totalmente desarmado, su futuro en Gaza sigue sin definirse, y las interrogantes sobre quién gobernará el territorio y qué evitará que se repita un 7 de octubre permanecen sin respuesta.
Más allá de Gaza, Irán y sus grupos afines siguen representando una amenaza, e Israel continúa enfrentándose a una región donde la posibilidad de otra guerra nunca está lejos.
La vida después del 7 de octubre trata más bien de aprender a vivir con lo sucedido.
Para gran parte del país, pues, los últimos tres años han consistido menos en superar el 7 de octubre que en convivir con sus consecuencias —y con los interrogantes que dejó tras de sí—.
Sin embargo, para muchos israelíes, el 7 de octubre no es simplemente algo con lo que han tenido que convivir; es algo que siguen viviendo.
Para los antiguos rehenes, la propia libertad es un recordatorio constante de lo que les fue arrebatado. Emily Damari, secuestrada y herida en su hogar de Kfar Aza, ha hablado sobre cómo el cautiverio transformó su relación con los aspectos más cotidianos de la vida.
«Hoy abro el refrigerador y doy las gracias», dijo Damari. «Bebo agua fría y doy las gracias».
Eli Sharabi pasó 491 días en cautiverio tras ser secuestrado en el kibutz Be’eri. Su esposa, Lianne, y sus hijas, Noiya y Yahel, fueron asesinadas el 7 de octubre. Su hermano Yossi fue tomado como rehén y murió en Gaza. Tras su liberación, Sharabi afirmó haber aprendido durante el cautiverio «lo valiosos que pueden ser cada momento y cada elección».
«Elijo la vida», dijo. «Elijo seguir viviendo plenamente, llevando conmigo a Lianne, Noiya, Yahel y Yossi en todo lo que hago».
Para Hagar Brodutch, quien fue secuestrada junto con sus tres hijos y la hija de un vecino, retomar la vida ha sido un proceso más complejo de lo que la palabra «libertad» podría sugerir. Ella ha descrito la inmensa lucha diaria —especialmente para los niños— y recientemente comenzó a tomar clases de repostería como una forma de construir algo nuevo.
«Se trata de mucho más que aprender a hacer repostería», afirmó. «Se trata de encontrar un nuevo camino, crear algo con mis propias manos y construir un futuro poco a poco».
Luego están aquellos para quienes no hay vuelta atrás a la vida que llevaban antes del 7 de octubre.
El hijo de Michal Negri, el mayor (en la reserva) Roee Negri, de 28 años, murió combatiendo a terroristas de Hamás en el kibutz Be’eri tras haber pasado el día rescatando a civiles.
¿Cómo pueden los israelíes exigir responsabilidades a su gobierno tras el 7 de octubre?
En una entrevista con The Jerusalem Post, Negri afirmó que el paso de tres años apenas ha mitigado los interrogantes surgidos aquella mañana. Ante todo, exige que los responsables de los fallos previos al 7 de octubre rindan cuentas a través de una comisión de investigación estatal.
«Todos los que formaban parte del gobierno, en cualquier puesto de dirección, deben asumir su responsabilidad y someterse a una investigación, para que tengamos la certeza de que esto nunca volverá a ocurrir», afirmó ella.
«¿Cómo se puede estar seguro de que no volverá a suceder si no se investiga ni se hacen preguntas?»
Esa pregunta trasciende el caso de una madre que ha perdido a un hijo.
Israel ha cambiado drásticamente desde el 7 de octubre; los estamentos político y de defensa del país han aprendido dolorosas lecciones sobre sus enemigos, sus sistemas de defensa y sus propias instituciones. Sin embargo, es preciso poner en práctica esas lecciones, examinar los fallos, cuestionar las decisiones y determinar las responsabilidades.
Tres años después, Israel sigue sin contar con una comisión estatal de investigación sobre el peor desastre nacional de su historia.
Esto significa que el 7 de octubre sigue siendo una asignatura pendiente. Para muchos israelíes, el 7 de octubre no es algo que ocurrió hace tres años: es, a la vez, pasado y presente.
De cara a las elecciones nacionales, los israelíes deben recordar que nuestros enemigos no están entre nosotros, sino que son aquellos que buscan destruirnos. Que la memoria de quienes perdieron la vida el 7 de octubre de 2023, y desde entonces, sea bendecida.
Fuente: JPost- Traducido por UnidosxIsrael
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