El equipo nacional, que llegó con ventaja de un gol, soñaba con clasificar al Mundial de Italia.
Y así pasó. A las once horas del lunes 30 de octubre de 1989 se detuvo el país. Desde el presidente de la época, Virgilio Barco (Q.E.P.D.), hasta los civiles, con cargos menos importantes, vivieron y festejaron el partido de principio a fín. En todos los rincones de Colombia se palpitó el juego que iba a cambiar la historia de nuestro fútbol.
Y la iba a cambiar porque Colombia, que iba a completar en 1990, el año del mundial en la bota itálica, 28 años sin participar en dicho evento orbital, selló en Tel Aviv la clasificación en un partido que trabajó la igualdad y que, incluso, sufrió en algunos momentos, sobre todo cuando Andrés Escobar, de la línea de gol, impidió una anotación de Israel.
En todo caso, en los momentos previos al juego, hubo mucho optimismo en el plantel que dirigía Francisco Maturana, quien para aquella época tenía 40 años.
Albeiro Usuriaga, por su parte, quien fuese la figura en el juego de ida, en Barranquilla, estaba muy seguro de que iba a volver a figurar, con un gol o con su juego. Por eso se animó a decir, en el previo, que "Los voy a crucificar".
Fue un compromiso inolvidable, un juego muy esperado y que se comenzó a festejar cuando el árbitro mexicano Edgardo Codesal, el mismo que terminaría pitando la final del Mundial en Italia, sancionó el final del compromiso y permitió que todo un país festejara y se volviera a unir, una vez, en torno a un equipo de fútbol, en torno al deporte.
Hace 25 años, hoy jueves, ni más ni menos, se llevó a cabo el partido que nos iba a llevar al segundo mundial de la historia. Sí, como pasa el tiempo…
Fuente: Futbolred
