Los ataques en Gaza se han ralentizado drásticamente, el alto el fuego en Líbano está bajo presión, las fuerzas en Cisjordania están al límite de sus capacidades e Irán se mantiene en una situación delicada, entre la diplomacia y la reanudación de la guerra.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se preparan para otro fin de semana de tensión tras una serie de acontecimientos que han transformado el panorama estratégico en todos los frentes principales, generando una nueva incertidumbre y aumentando el riesgo de una rápida escalada.
En Líbano, la mortal explosión que acabó con la vida de dos soldados de la reserva puso fin a un periodo de relativa calma en la frontera norte. En Gaza, una nueva directiva que exige la aprobación del jefe del Estado Mayor para cada ataque ha puesto fin, de hecho, a meses de operaciones agresivas contra la fuerza de élite Nukhba de Hamás.
En Cisjordania, las órdenes de tomar otro campamento de refugiados palestinos están sobrecargando a unas fuerzas ya de por sí sobrecargadas. Y en Irán, tras la supuesta cancelación de otro ataque planeado, Israel sigue caminando sobre la cuerda floja entre la diplomacia y la posibilidad de un nuevo conflicto.
Frente iraní
Irán sigue siendo el principal escenario estratégico de Israel, según afirman fuentes militares.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se encuentran en lo que los funcionarios describen como una fase crítica de preparación de planes operativos adicionales para Irán, así como para otros frentes, con especial énfasis en la planificación de contingencia a largo plazo.
Las fuerzas israelíes y estadounidenses mantienen un contacto diario estrecho, con reuniones periódicas destinadas a garantizar la coordinación de los planes operativos en caso de que Israel se vea involucrado en una confrontación de mayor envergadura. Dicha coordinación abarca tanto la planificación ofensiva como la defensiva, según fuentes de seguridad israelíes.
Los oficiales militares siguen recalcando que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se mantienen en estado de máxima alerta en caso de recibir órdenes de ataque.
Durante el último mes, hubo al menos dos ocasiones en que el ejército creyó inminente una operación a gran escala contra Irán, pero el presidente estadounidense Donald Trump detuvo el ataque planeado, según fuentes de seguridad israelíes.
Altos funcionarios de defensa describen la estrecha coordinación con Washington como un desafío y una ventaja a la vez. Si bien requiere una amplia consulta, también proporciona respaldo estratégico.
En caso de que se reanuden los combates, los funcionarios afirman que esperan contar con un mayor número de objetivos militares diseñados para obtener resultados operativos rápidos y evitar otra campaña prolongada como la Operación León Rugiente, la campaña militar israelí contra Irán a principios de este año.
Frente del Líbano
El ejército continúa investigando la mortal explosión en el sur del Líbano que causó la muerte del mayor (en la reserva) Harel Birenstock y del sargento mayor (en la reserva) Tamir Vaknin, e hirió gravemente a otros cuatro soldados.
A las pocas horas de la investigación inicial, las fuerzas israelíes regresaron durante la noche al lugar de los hechos en la aldea de Majdal Zoun para realizar una investigación más exhaustiva sobre el origen de la explosión.
Incluso antes de que concluyera la investigación, el ejército anunció que Hezbolá había violado el acuerdo de alto el fuego.
Funcionarios de seguridad argumentan que la mera existencia de un artefacto explosivo capaz de matar soldados israelíes durante un alto el fuego constituye una violación de los acuerdos entre las partes.
Mientras tanto, el ejército ha intensificado los ataques en los alrededores de la aldea libanesa de Al-Mansouri, una zona que los comandantes israelíes ya habían identificado como motivo de creciente preocupación.
Gran parte del pueblo, situado a unos 13 kilómetros (8 millas) de la frontera con Israel, ha quedado destruido y se encuentra dentro de lo que el ejército denomina la «línea amarilla», una zona de amortiguación bajo vigilancia y control de fuego israelí. En las últimas semanas, el ejército también ha atacado a operativos de la Fuerza Radwan, la unidad de élite de Hezbolá, en esa zona.
A pesar de la actividad militar en curso, los civiles libaneses han comenzado a regresar gradualmente al pueblo. Funcionarios israelíes estiman que ya han regresado varios cientos de residentes, un hecho que ha alarmado al estamento de defensa.
El ejército ha lanzado folletos de advertencia instando a los civiles a no regresar, pero los funcionarios afirman que el esfuerzo ha tenido poco efecto.
Los comandantes israelíes siguen decididos a impedir la presencia civil en al-Mansouri, que consideran estratégicamente importante por su proximidad a la frontera.
Mientras tanto, los oficiales militares afirman que tienen cuidado de no socavar el frágil marco de alto el fuego establecido en el marco del actual acuerdo piloto entre Israel y Líbano.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) afirman que mantienen un firme control operativo en toda la zona de la línea amarilla, al tiempo que preparan listas de objetivos adicionales en caso de que se reanuden los combates.
Al mismo tiempo, el ejército está reforzando gradualmente lo que parece ser una presencia más permanente en algunas zonas del sur del Líbano.
Según funcionarios del Comando Norte, los comandantes están evaluando dónde el terreno y las consideraciones operativas justifican despliegues a largo plazo y dónde es suficiente una presencia más reducida.
Estos acontecimientos militares se producen mientras Israel y el Líbano continúan delicadas negociaciones sobre el futuro del acuerdo piloto.
El principal problema sin resolver se refiere a la supervisión de las Fuerzas Armadas Libanesas; específicamente, quién certificará que el ejército libanés ha completado las tareas requeridas dentro de las zonas piloto, incluyendo el desmantelamiento de la infraestructura de Hezbolá, la confiscación de armas y la desmilitarización de las áreas designadas antes de que la implementación se extienda a otras aldeas.
Funcionarios israelíes prevén que los próximos días serán especialmente tensos.
Creen que Hezbolá intentará socavar las negociaciones mientras persiste otro problema sin resolver: la infraestructura subterránea de Hezbolá que, según las fuerzas israelíes, aún existe bajo la estratégica cresta de Ali al-Taher, en el sur del Líbano.
El liderazgo político israelí debe decidir ahora si desmantela los túneles restantes, sopesa el impacto potencial en el marco del alto el fuego vigente y evalúa la respuesta de Estados Unidos ante tal medida.
Franja de Gaza
En Gaza, el Comando Sur ha gozado de una libertad operativa inusualmente amplia en los últimos meses, llevando a cabo ataques casi diarios que, según el ejército, causaron la muerte de decenas de operativos de Hamás, incluidos miembros de la fuerza de élite Nukhba.
Mientras tanto, los comandantes ampliaron lo que el ejército denomina la «línea amarilla» de Gaza, aparentemente anticipando que su libertad de acción podría verse más restringida.
Según estimaciones militares, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) controlan actualmente aproximadamente el 63% del territorio de Gaza.
Sin embargo, a pesar de las negaciones iniciales del ejército, a principios de esta semana se produjo un cambio drástico.
El ritmo de los ataques aéreos israelíes ha disminuido drásticamente. Desde principios de junio hasta el comienzo de esta semana, el ejército realizó ataques selectivos casi diarios contra operativos de Hamás, incluso durante el período de mayor confrontación con Irán. Ahora, los ataques proactivos prácticamente han cesado.
Debido a la delicadeza diplomática que rodea el alto el fuego en curso y las negociaciones para la liberación de rehenes, el ejército ha elevado el umbral de aprobación para las operaciones ofensivas, requiriendo la autorización del Jefe del Estado Mayor de las FDI, el Teniente General Eyal Zamir, quien luego coordina con la dirección política.
Ningún funcionario israelí ha declarado públicamente que las fuerzas ahora se limitan a atacar solo amenazas inmediatas, pero los oficiales militares afirman que esa es, en la práctica, la realidad sobre el terreno.
El teatro de operaciones de Gaza no había operado bajo tales restricciones desde el inicio de la guerra, ni siquiera durante los anteriores altos el fuego vinculados a la liberación de rehenes.
El ejército se encuentra ahora ante el dilema de equilibrar dos prioridades contrapuestas.
Por un lado, la libertad operativa del Comando Sur se ha visto significativamente restringida para permitir que continúen las negociaciones.
Por otro lado, persisten importantes desacuerdos sobre la secuencia de cualquier acuerdo de alto el fuego.
La disputa central gira en torno a si Hamás debe entregar sus armas antes de que las fuerzas israelíes se retiren, si Israel debe retirarse primero o si ambas medidas pueden darse simultáneamente.
Los oficiales militares describen el estancamiento resultante como cada vez más peligroso.
En el marco actual, incluso indicios relativamente menores de reagrupación de Hamás —actividades que hace tan solo unos días probablemente habrían desencadenado un ataque inmediato— ahora requieren una revisión al más alto nivel militar antes de que se pueda autorizar cualquier acción.
Cisjordania
Cisjordania se enfrenta a lo que los oficiales militares describen como un fin de semana especialmente volátil, ya que las fuerzas israelíes siguen operando al límite de sus capacidades.
Las tensiones se han mantenido elevadas desde el ataque terrorista con armas de fuego que acabó con la vida de Benayahu Mellet y el mayor Yuval Ezra.
El ejército ha desplegado 24 batallones en Cisjordania y ha lanzado una serie de operaciones, incluyendo arrestos masivos, el mapeo del domicilio del presunto atacante antes de una demolición planificada y la detención de sospechosos que se cree que colaboraron en el ataque.
Mientras tanto, la presión de los colonos israelíes sobre el ministro de Defensa, Israel Katz, se ha intensificado.
Los líderes de los colonos argumentan que la respuesta militar ha sido insuficiente y se basa en las mismas medidas de seguridad que no lograron impedir el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.
Más allá del desacuerdo público de esta semana entre Katz y el jefe del Comando Central, el general de división Avi Bluth, el ministro de Defensa ya ha anunciado que ha instruido al ejército para que prepare planes para la toma de otro campamento de refugiados palestinos.
Funcionarios israelíes consideran que las operaciones militares anteriores en el norte de Cisjordania fueron un éxito.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) tomaron el control de los campamentos de refugiados de Jenin, Tulkarm y Nur Shams, reduciendo significativamente la actividad terrorista en la zona, según evaluaciones militares.
Sin embargo, los comandantes recalcan que la toma de un campamento de refugiados es solo la primera fase.
Mantener el control militar continuo posteriormente requiere un despliegue sustancial de tropas.
Por ahora, los comandantes del Comando Central y de la División de Cisjordania afirman no ver una necesidad operativa inmediata de tomar otro campamento de refugiados, advirtiendo que hacerlo interrumpiría las operaciones en curso en todo el territorio y sobrecargaría aún más a los ya limitados recursos humanos.
En cambio, el ejército ha preparado operaciones selectivas similares a las que se están llevando a cabo actualmente en el campamento de refugiados de Qalandiya, al norte de Jerusalén, donde las tropas buscan infraestructura terrorista, en particular redes vinculadas a Hamás.
Una de las principales preocupaciones del ejército es prevenir los llamados ataques de «lobos solitarios», que, según las autoridades, se ven cada vez más impulsados por la incitación en línea.
En lugar de repetir el modelo de ocupación a gran escala utilizado en Jenín, los comandantes están considerando operaciones selectivas prolongadas o incursiones más cortas pero más agresivas que evitarían la destrucción de cientos de edificios o la necesidad de una presencia militar permanente.
Mientras tanto, el Comando Central también se enfrenta a otro desafío: un flujo constante de ataques de extremistas israelíes contra palestinos.
Los oficiales militares temen que un incidente particularmente grave pueda reavivar la inestabilidad en toda Cisjordania.
Al comenzar el fin de semana, los comandantes afirman que el frente central enfrenta una profunda incertidumbre: si Israel tomará otro campo de refugiados, si las tensiones en múltiples frentes se intensificarán simultáneamente o si las fuerzas armadas podrán evitar que la inestabilidad actual derive en un conflicto de mayor envergadura.
Fuente: Ynet- Traducido por UnidosxIsrael
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