Aunque ni Netanyahu ni la oposición liderada por Eisenkot tienen un camino claro hacia la mayoría, un veterano encuestador pronostica que el bloque del primer ministro enfrentará una «prueba más difícil» para movilizar a suficientes partidarios.

A falta de solo dos semanas para las elecciones en Israel, el tablero político está definido, y hay pocos indicios de que el primer ministro Benjamin Netanyahu haya encontrado una jugada ganadora.
El primer ministro de Israel no es elegido directamente por los votantes, sino que debe formar una coalición que cuente con la mayoría de los 120 escaños de la Knéset. Esto significa que las posibilidades de Benjamin Netanyahu de conservar el poder dependen, en parte, del desempeño electoral de sus aliados políticos más pequeños.
En estas elecciones compiten 38 partidos, aunque no más de 15 alcanzarán el umbral del 3,25 % de los votos, el porcentaje mínimo necesario para obtener representación en la Knéset. Es probable que, tras la votación del 27 de octubre, los partidos que logren representación incluyan tres o cuatro de derecha —encabezados por la lista del Likud de Netanyahu—; cuatro o cinco de centroizquierda —entre los que, según los sondeos, destaca el nuevo partido Yashar, liderado por el exjefe del Estado Mayor militar Gadi Eisenkot—; dos partidos ultraortodoxos (haredíes); y dos partidos de mayoría árabe.
Desafortunadamente para Netanyahu, varios partidos de derecha no se fusionaron como él esperaba. Sionismo Religioso —el partido ultranacionalista liderado por el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich— no unió fuerzas con Otzma Yehudit, del ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir, ni con el partido Pueblo de Israel, encabezado por el general de brigada retirado Ofer Winter.
Como resultado, tanto el partido de Smotrich como el de Winter se mantienen cerca del umbral electoral de Israel, lo que plantea la posibilidad de que uno o ambos no logren obtener suficientes votos para entrar en la Knéset; esto significa que sus votos —que podrían haber fortalecido el bloque de Netanyahu— se perderán. Dado que el umbral del 3,25 % equivale a cuatro escaños en la Knéset, la pérdida de votos podría ser considerable.
«Durante muchos años, Netanyahu ha sido considerado el mago político de Israel: el hombre que en 2022 logró unir a Ben Gvir y Smotrich en una lista conjunta», afirmó la Dra. Gayil Talshir, politóloga de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Antes de aquellas elecciones, Netanyahu instó públicamente a ambos partidos a fusionarse, advirtiendo que el bloque de derecha «no podía correr el riesgo» de que alguno de los dos partidos quedara por debajo del umbral electoral. Días después, los dos líderes llegaron a un acuerdo tras reunirse con Netanyahu, quien había presionado a favor de la fusión.
«No hemos visto que eso ocurra en estas elecciones», continuó Talshir. «Netanyahu afronta estos comicios en la posición más débil que le hemos visto en la última década en lo que respecta a los partidos que concurren a las elecciones».
La decisión de los partidos de derecha de presentarse por separado respondió a una combinación de animosidad personal y diferencias ideológicas. Winter subrayó la necesidad de incorporar caras nuevas a la política, argumentando que quienes quedaron marcados por los fallos que permitieron la invasión de Hamás al sur de Israel el 7 de octubre de 2023 debían dar paso a un nuevo liderazgo. Por su parte, Smotrich y Ben Gvir siguieron distanciados debido a tensiones personales y a la convicción de que cada uno atrae a un segmento ligeramente distinto de la derecha ultranacionalista israelí.
El veterano encuestador Shmuel Rosner opina que el nuevo partido de Winter corre el riesgo de no alcanzar el umbral electoral mínimo. Actualmente, los sondeos le otorgan entre cuatro y cinco escaños, pero el apoyo a los nuevos partidos suele disminuir a medida que se disipa el entusiasmo inicial de su lanzamiento. El partido Sionismo Religioso, liderado por Smotrich, también se encuentra en una situación vulnerable, con una proyección de entre cinco y seis escaños; en los últimos meses, ha permanecido por debajo del umbral mínimo en varias encuestas.
«El panorama de partidos resulta más complicado para Netanyahu que para sus adversarios», señaló Rosner. «En el bando contrario a Netanyahu no hay actualmente ningún partido en riesgo de quedar por debajo del umbral electoral, mientras que en el bloque afín a Netanyahu hay al menos uno —y potencialmente otro más— en esa situación».
No obstante, aunque ambos partidos lograran superar el umbral, las encuestas actuales indican que Netanyahu sigue lejos de los 61 escaños necesarios para formar una coalición de gobierno. La mayoría de los sondeos sitúan a su bloque en torno a los 52 o 53 escaños.
Sin embargo, el panorama no es del todo sombrío para Netanyahu. Tampoco se prevé que el bloque opositor, liderado actualmente por Eisenkot, alcance los 61 escaños. En las últimas semanas, sus cifras han caído drásticamente: de unos 58 o 59 escaños a cerca de 52 o 53. El resto de los escaños recae en partidos liderados por árabes.
Talshir atribuye este descenso no necesariamente a una pérdida de apoyo al bloque en sí, sino a cambios en otras áreas del mapa electoral. Tres partidos árabes han unido sus fuerzas para formar una candidatura unificada —la Lista Conjunta—, fortaleciendo así el bloque político árabe y ayudando a uno de los partidos a evitar quedar por debajo del umbral electoral. Esta fusión también podría aumentar la participación de los votantes árabes.
Ambos grandes bloques políticos se han comprometido a no incluir a los partidos árabes en una coalición de gobierno. Sin embargo, también en este aspecto, el bloque anti-Netanyahu se encuentra en una mejor posición.
Se prevé que la Lista Conjunta y Ra’am obtengan alrededor de 14 escaños. Por otra parte, el líder de Balad —uno de los partidos que integran la Lista Conjunta— se retiró de la contienda a finales del mes pasado, después de que el Tribunal Supremo indicara que su candidatura sería inhabilitada. Aún no está claro cuál será el impacto de su retirada forzosa, pero algunos analistas sugieren que podría aumentar aún más la participación de los votantes árabes, quienes podrían emitir votos de protesta contra aquellos que impidieron su candidatura.
Los posibles socios de coalición de Netanyahu se oponen rotundamente a incluir a cualquier partido árabe en su alianza y han utilizado la posibilidad de una coalición que incluya a un partido árabe como argumento de ataque contra el bloque opositor. El gobierno anterior, formado por Naftali Bennett y Yair Lapid en 2021, incorporó a Ra’am a su coalición para asegurar una mayoría parlamentaria, marcando un hito histórico.
No obstante, figuras clave del actual bloque opositor se han comprometido a no repetir esa fórmula en esta ocasión, argumentando que los sentimientos en la opinión pública judía siguen a flor de piel tres años después de los mortíferos ataques de Hamás dentro de Israel el 7 de octubre. Entre quienes descartan otra alianza con partidos árabes figuran Eisenkot; Lapid, quien ayudó a articular la coalición anterior; y Avigdor Liberman, el exministro de Finanzas de línea dura.
Sin embargo, Talshir considera que dichos compromisos podrían ponerse a prueba si las elecciones desembocan en un nuevo bloqueo político. Señala un posible escenario en el que Eisenkot y Ra’am cooperarían para establecer un gobierno en minoría: Ra’am votaría a favor de investir una lista liderada por Eisenkot —manteniéndose fuera de la coalición formal— con el objetivo de impedir que Netanyahu continúe como primer ministro.
En una entrevista concedida al Canal 12 en agosto, Abbas declaró que su máxima prioridad era reemplazar el actual gobierno de Netanyahu. Asimismo, el sábado, el presidente de la Lista Conjunta, Youssef Jabareen, afirmó que su partido estaría dispuesto a apoyar cualquier gobierno que pusiera fin al mandato de Netanyahu, sujeto a condiciones que no especificó.
Si ninguno de los dos bloques logra formar una coalición, Israel podría verse abocado nuevamente a otras elecciones —tal como ocurrió durante la crisis política de dos años que comenzó en 2019 y derivó en cinco comicios consecutivos—, mientras Netanyahu permanecería en el cargo como primer ministro en funciones.
«Al analizar los escenarios y las encuestas actuales, vemos muy pocas probabilidades de que alguno de los bloques logre alcanzar los 61 escaños», señaló Rosner.
Una de las grandes incógnitas la representan los pocos partidos que, aunque actualmente figuran en las encuestas por debajo del umbral electoral, han decidido mantenerse en la contienda.
Rosner señala tres partidos destacados en esta situación: el Partido de Reservistas-Económico, liderado por Yoaz Hendel y Yaron Zelekha; el partido de orientación haredí (ultraortodoxa) liderado por Moti Leitner; y Azul y Blanco, de Benny Gantz.
El más significativo de los tres, según Rosner, es el partido de Hendel y Zelekha, que oscila cerca del umbral electoral y podría tanto superarlo como quedarse fuera. «Está al límite del umbral», afirmó Rosner. «Podría entrar o quedarse fuera con cuatro escaños».
El partido, añadió, es difícil de clasificar políticamente. «En realidad no dice qué hará, y está compuesto por personas con intereses y aspiraciones diferentes», señaló Rosner. No obstante, estima que al partido le resultaría más fácil unirse al bloque de la oposición que a la coalición de Netanyahu, en parte debido a la alianza de esta última con los partidos haredíes. Los reservistas militares guardan un profundo resentimiento hacia los hombres haredíes que evitan el servicio militar y desean que el próximo gobierno ponga fin a esta práctica.
Azul y Blanco, el partido de Gantz —que en su día lideró el campo opositor pero perdió gran parte de su popularidad tras unirse al gobierno de Netanyahu—, sigue en la carrera electoral a pesar de mantenerse muy por debajo del umbral. Actualmente, las encuestas le otorgan alrededor del 1% de los votos. Gantz ha dejado claro que, si su partido supera el umbral electoral, buscaría formar un gobierno de unidad que incluya tanto a Netanyahu como a los partidos del bloque opositor partidario del cambio.
El nuevo partido haredí, HaTzibbur HaHaredi (El Público Haredí), registra niveles de intención de voto similares. Podría restar uno o dos escaños a los partidos ultraortodoxos establecidos, debilitando potencialmente el bloque de Netanyahu. El partido ha declarado que apoyaría un «gobierno nacional amplio», sin especificar a qué bando político se uniría. Por ahora, la cuestión clave no es tanto si los votantes cambiarán de bando, sino si cada bloque logrará movilizar a sus partidarios actuales para que acudan a votar el día de las elecciones.
«La lucha actual consiste mucho menos en atraer votantes de un bando a otro y mucho más en lograr que salgan de casa y voten», señaló Rosner. «Y estimo que el desafío más difícil será para el bloque de derecha».
Fuente: JTA- Traducido por UnidosxIsrael
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