El encuentro entre Irán y Nueva Zelanda estuvo marcado por fuertes protestas políticas a las afueras del estadio y en las gradas, coincidiendo con la entrada en vigor del acuerdo entre Estados Unidos e Irán.

El partido de la fase de grupos del Mundial entre Irán y Nueva Zelanda en Los Ángeles se convirtió en un foco de tensión política dentro de la comunidad iraní-estadounidense.
Cientos de manifestantes se congregaron a las afueras del estadio, ondeando banderas iraníes de la época prerrevolucionaria con el emblema del león y el sol. Muchos manifestantes criticaron la decisión de la FIFA de prohibir las banderas dentro del recinto, argumentando que los símbolos representan su visión de Irán, más que una declaración política. Gritos de «El equipo del régimen no es mi equipo» resonaron entre la multitud, mientras que otros cantaban el himno nacional iraní anterior a 1979.
Un manifestante se situó a las afueras del estadio con una soga improvisada alrededor del cuello para llamar la atención sobre las ejecuciones llevadas a cabo en Irán. Varios manifestantes afirmaron que no consideran que la selección nacional represente al pueblo iraní, sino al gobierno actual del país.
Dentro del estadio, el apoyo a los jugadores se mezclaba con cánticos políticos desde las gradas. Irán remontó dos veces para conseguir un empate 2-2 contra Nueva Zelanda. Los espectadores ondearon miles de banderas, incluidas las de la República Islámica y el movimiento León y Sol.
Samaneh, una iraní-estadounidense que asistía al partido, dijo que su madre permanece en Irán debido a problemas con su documentación y a las restricciones de viaje impuestas por Estados Unidos. «Estoy aquí para apoyar a Irán, no al régimen», afirmó.
La selección iraní ya había llamado la atención antes del torneo debido a complicaciones con los visados. Los retrasos en la obtención de los permisos de entrada a Estados Unidos obligaron al equipo a trasladar su campo de entrenamiento de Arizona a Tijuana, México. Aunque Washington y Teherán alcanzaron recientemente un acuerdo para poner fin a las hostilidades entre ambos países, algunos aficionados entrevistados por medios internacionales argumentaron que los recientes acontecimientos no deben olvidarse ni normalizarse.
Mientras tanto, jugadores y varios aficionados rechazaron los intentos de vincular el fútbol con las disputas políticas. El delantero Mehdi Taremi afirmó que la selección nacional representa a todos los iraníes, tanto dentro como fuera del país, y que no se involucra en política. Los aficionados Mostafa y Alika coincidieron en que preferían centrarse en el partido y diferenciar a la selección nacional del gobierno.
Fuente: ArutzSheva- Traducido por UnidosxIsrael
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