Cuatro frentes convergentes han puesto a Jerusalén en una posición imposible entre la presión estadounidense, la ausencia de socios internacionales, los campos minados políticos de la ONU y un enemigo impulsado por su ideología que nunca deja de luchar. Análisis.

Soldados de Golani en Rafah- Portavoz de las FDI
Israel se encuentra en una situación compleja y difícil, que cuesta vidas y consta de varios frentes que convergen. Esta es la batalla de la posguerra: un período en el que el combate militar a gran escala terminó, pero los desafíos apenas comienzan.
En primer lugar, es fundamental comprender un hecho clave: la guerra militar israelí a gran escala contra Hamás no se reanudará. El cese de la guerra se considera uno de los mayores logros del presidente Donald Trump, tanto a nivel internacional como en el ámbito político estadounidense. No hay posibilidad de que renuncie a este logro.
Sin embargo, Hamás viola sistemáticamente el alto el fuego. Los terroristas de la organización continúan atacando a soldados de las FDI, se niegan a devolver los cuerpos de los soldados caídos, refuerzan su control sobre Gaza occidental y rehabilitan infraestructura terrorista. Cada una de estas acciones constituye una flagrante violación del plan de 20 puntos. Pero Israel no tiene margen de maniobra: Trump, como es evidente, no está de acuerdo con la reanudación de la guerra.
Hay que decir la verdad: no es solo culpa de Trump. Cualquier persona decente debería preguntarse: ¿Qué más pueden hacer las FDI para desmantelar a Hamás que no se haya hecho en los últimos dos años? La organización sigue existiendo, y no solo por el 25% del territorio de la Franja que las FDI no han ocupado.
De hecho, incluso Rafah, completamente destruida por Israel, ofrece un ejemplo preocupante: tres soldados murieron en sus inmediaciones solo en las últimas dos semanas. En otras palabras, la destrucción militar por sí sola no basta. La ideología de muerte de Hamás está profundamente arraigada en el corazón de los gazanos, y ahí reside el verdadero problema.
Siendo así, ¿qué se debe hacer? Aquí, según el plan de Trump, la Fuerza Internacional de Estabilización (FIE) debía entrar en acción.
Los estadounidenses dan la orden, pero no están dispuestos a desplegar tropas terrestres, por lo que los marines siguen al margen. Los turcos expresaron su disposición a enviar soldados, pero Israel rechazó la propuesta: no hay intención de permitir que el presidente Recep Tayyip Erdoğan, quien cultiva los intereses de Hamás en Turquía, proteja los de la organización en Gaza. Los soldados cataríes, si es que existen, también fueron descartados por Israel por la misma razón.
¿Qué le queda a Israel? Los británicos declararon que enviarán soldados directamente a Gaza, pero está por verse si esto sucederá. El país con más posibilidades, según todos los indicios, es Indonesia. Sin embargo, de acuerdo con la constitución en Yakarta, solo una decisión del Consejo de Seguridad de la ONU permitiría al presidente Prabowo Subianto enviar 20.000 soldados a la misión, y de hecho, declaró su disposición a hacerlo en la ONU el mes pasado.
La ONU es un universo en sí mismo, y esta es la cuarta y compleja parte de la batalla. Jerusalén tiene muy poco interés en una resolución del Consejo de Seguridad sobre Gaza, y las razones son bien conocidas. El problema radica en que tales resoluciones son difíciles de lograr.
En otras palabras, la administración Trump podría presentar una resolución con un lenguaje aceptable para Israel. Sin embargo, en poco tiempo, países como Francia, Gran Bretaña y los estados árabes se asegurarán de añadir elementos como el «reconocimiento de las aspiraciones palestinas» u otras trampas diplomáticas que complicarán las cosas para Israel.
Esto crea una realidad compleja: cuatro frentes que convergen, creando un callejón sin salida donde Israel se encuentra atrapado: incapaz de reanudar la guerra, sin poder detener las violaciones de Hamás, con dificultades para establecer una fuerza internacional y obligado a lidiar con presiones diplomáticas en el Consejo de Seguridad.
Fuente: IsraelHayom- Traducido por UnidosxIsrael
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