El exhaustivo plan —que contempla el estado físico, mental y emocional de los civiles que regresaron del cautiverio en Gaza en noviembre de 2023— ha sido publicado en la revista Healthcare y puede servir de ayuda a hospitales de todo el mundo.

En noviembre de 2023, el Ministerio de Salud solicitó a los administradores del Centro Médico Edith Wolfson, en Holon, que recibieran y atendieran a 10 rehenes —mujeres de edad avanzada— que estaban a punto de ser liberadas tras permanecer cautivas de Hamás en Gaza. La petición no tenía precedentes.
Cuando los militares toman prisioneros de guerra, los cautivos suelen ser soldados jóvenes y en buen estado de salud. Sin embargo, cuando miles de terroristas liderados por Hamás masacraron a comunidades israelíes cerca de la frontera con Gaza el 7 de octubre de 2023, secuestraron a 251 personas —en su mayoría civiles— cuyas edades oscilaban entre los 9 meses y los 85 años.
No existían protocolos ni directrices médicas para un escenario de este tipo, por lo que los hospitales israelíes tuvieron que elaborar los suyos propios para asistir a las personas que habían estado cautivas.
El Dr. Amir Nutman, subdirector del hospital, declaró a The Times of Israel a través de Zoom que el personal médico desconocía en qué estado llegarían los rehenes.
«No existía información médica sobre ellos», señaló Nutman. «Empezamos a reflexionar y a planificar».
Un estudio revisado por pares, publicado recientemente en la revista médica Healthcare —con Nutman como autor principal—, detalla cómo el hospital desarrolló e implementó un marco clínico multidisciplinario para abordar el trauma agudo, el abandono prolongado, la rehabilitación nutricional y la estabilización psiquiátrica. Basándose en la experiencia del hospital en la atención a los rehenes liberados durante el primer alto el fuego con Hamás, a finales de noviembre de 2023, el resultado fue un modelo pionero para la repatriación de civiles en situaciones de conflicto.
«Movilización en todo el sistema sanitario»
La profesora Noa Eliakim-Raz, jefa de la Unidad de Atención a los Rehenes Liberados en el Hospital Clalit-Beilinson —centro que recibió a un total de 14 rehenes provenientes de Gaza—, declaró a The Times of Israel que, ya desde el 7 de octubre, el sistema sanitario de Israel «se movilizó de una manera extraordinaria y sin precedentes» para preparar protocolos destinados a la futura atención de los rehenes que fueran liberados.
«Se trata del mismo sistema sanitario que, en su funcionamiento cotidiano, lidia constantemente con la escasez de personal y la limitación de recursos», señaló Eliakim-Raz. «Sin embargo, nos movilizamos en todo el sistema para atender a los soldados y a los heridos, recibir a los rehenes y proporcionar toda la asistencia y el apoyo necesarios».
Entre el 24 de noviembre y el 1 de diciembre de 2023, 105 rehenes civiles fueron liberados durante una tregua de una semana mediada por Qatar, Egipto y Estados Unidos. El Ministerio de Salud coordinó estrechamente con hospitales de todo el país —entre ellos el Centro Médico Wolfson, el Centro Médico Soroka, el Centro Médico Sheba, el Hospital Ichilov, el Centro Médico Shamir y el Centro Médico Infantil Schneider—, los cuales fueron designados para recibir a los ciudadanos repatriados.
«Compartimos nuestros protocolos», señaló Nutman. «Cada hospital ajustó sus procedimientos en función de la población que esperaba recibir, su personal y sus capacidades clínicas específicas».
El hospital Wolfson recibió a 10 mujeres de entre 29 y 85 años —con una edad mediana de 67 años—, quienes habían permanecido cautivas durante un periodo de entre 48 y 55 días, retenidas por terroristas en Gaza dentro de túneles subterráneos y apartamentos cerrados bajo llave.
Ocho de las rehenes habían perdido a familiares cercanos, asesinados el 7 de octubre. Todas provenían de comunidades situadas en la zona fronteriza con Gaza que habían sido diezmadas o destruidas.
Nutman explicó que, como parte de los preparativos, el personal del Wolfson llevó a cabo exhaustivos simulacros con actores para ensayar diversos escenarios: el ingreso de un paciente en estado inestable, la atención ante una posible agresión sexual y la comunicación de noticias devastadoras sobre el fallecimiento de familiares.
Asimismo, se organizaron equipos de apoyo psicológico para el personal médico, con el fin de prevenir el estrés traumático secundario y la fatiga por compasión.
El personal del hospital analizó cada detalle operativo, incluida la forma de evitar la entrada principal para proteger a las mujeres de las cámaras y las multitudes.
«Hicimos que llegaran por la puerta trasera y simulamos su entrada», recordó Nutman. «Alguien recorrió el camino y señaló: “Es estrecho y oscuro. Podría recordarles a los túneles”. Así que volvimos a pintar las paredes, instalamos una iluminación intensa y desplegamos una alfombra roja».
El hospital transformó toda una sección del Hospital Infantil Sylvan Adams en un área segura para la repatriación. El personal acondicionó las habitaciones con monitores de cuidados intensivos y equipos de emergencia, ocultos tras mobiliario de aspecto doméstico y flores.
«Incluso les dimos ositos de peluche a los rehenes que regresaban», comentó Nutman.
Antes de llegar a los hospitales israelíes, los rehenes cruzaron de Gaza a Egipto con la ayuda de la Cruz Roja Internacional. Posteriormente, fueron entregados a las Fuerzas de Defensa de Israel.
«Al principio pensamos: “Han estado pasando hambre durante casi dos meses; preparémosles un banquete enorme para darles la bienvenida a casa”», relató Nutman. «Desde un punto de vista fisiológico, eso puede ser mortal».
Cuando un organismo que sufre una desnutrición severa recibe de repente una gran carga de carbohidratos, los picos rápidos de insulina provocan que el fósforo, el potasio y el magnesio salgan del torrente sanguíneo y entren en las células. El colapso resultante, conocido como síndrome de realimentación, puede causar insuficiencia cardíaca aguda, convulsiones y muerte súbita.
En colaboración con dietistas clínicos, el hospital estableció que los equipos encargados del traslado solo ofrecieran agua, una galleta salada sencilla o un trozo pequeño de manzana.
Una vez en Wolfson, las pacientes fueron sometidas a análisis urgentes de electrolitos antes de iniciar la alimentación, la cual se llevó a cabo bajo estrictos límites calóricos. Esta precaución resultó fundamental, ya que los datos hospitalarios revelaron que la mitad de las mujeres llegaban con un alto riesgo de presentar síndrome de realimentación, tras haber perdido hasta un 25 % de su peso corporal inicial (con una pérdida mediana del 9,6 %).
Más allá de la estabilización biológica, el objetivo primordial era devolver la autonomía personal a mujeres a quienes, durante semanas, se les había privado sistemáticamente de toda capacidad de elección.
Dado que las rehenes habían permanecido bajo tierra, desorientadas respecto al tiempo y las fechas, el hospital entregó relojes de pulsera a cada una de ellas. A las pocas horas de su llegada, un optometrista y un audiólogo ayudaron a reemplazar las gafas que les habían confiscado y los audífonos que se habían roto.
Muchas de las mujeres regresaron del cautiverio con el cabello quemado o cortado, por lo que el hospital ofreció servicios de aseo y cuidado personal.
En la unidad se prepararon kits que incluían ropa limpia, artículos de aseo personal y tratamientos contra los piojos.
«Prohibido entrar»
El personal adaptó los protocolos a las necesidades de cada persona. En el caso de una mujer aterrorizada por el recuerdo de los guardias de Hamás irrumpiendo en su habitación, se colocó un cartel de «Prohibido entrar» en el exterior. El personal llamaba a la puerta y esperaba a que su familia diera permiso para acceder.
«Algunas de las rehenes que regresaron tenían perros», comentó Nutman. «Estuvimos en contacto con sus familias y amigos. Una familia nos dijo: «Ella está muy apegada a su perro, así que queremos traerlo para que se reencuentren». Por eso, conseguimos incluso una cama para el perro y comida. Aunque se trata de un hospital, queríamos que se sintieran bienvenidas».
«Todo el suceso fue sumamente emotivo», declaró al Times of Israel el Dr. Adam Lee Goldstein, jefe de cirugía traumatológica del hospital Wolfson. «Todos estaban llorando. La dirección del hospital hizo un trabajo extraordinario al garantizar una privacidad absoluta; no había prensa, solo médicos y enfermeros de alto nivel».
Relató que, al entrar en la habitación de una de las rehenes de edad avanzada para ver cómo se encontraba, ella le dijo: «Siento mucho haberle hecho trabajar un viernes por la noche».
«Y eso fue después de haber soportado seis semanas bajo tierra», señaló.
Si bien las transmisiones televisivas de las entregas mostraron a muchas mujeres caminando sin ayuda, los expedientes clínicos revelaron situaciones de emergencia física aguda.
Siete de los 10 rehenes ingresados en el hospital Wolfson habían sufrido traumatismos directos el 7 de octubre o durante su cautiverio, incluyendo laceraciones por metralla y fracturas sin tratar. Ocho padecían enfermedades crónicas preexistentes que, durante semanas, no habían recibido la medicación adecuada.
Los médicos constataron que los rehenes liberados presentaban frecuencias cardíacas peligrosamente aceleradas, coágulos sanguíneos en las piernas —derivados de haber sido obligados a permanecer inmóviles en espacios reducidos—, picos imprevisibles de presión arterial, así como graves desequilibrios hormonales y de los niveles de azúcar en sangre.
Cuatro de ellos habían padecido diarrea crónica durante su cautiverio en Gaza, y uno dio positivo por una bacteria transmitida a través del agua —frecuente en entornos con condiciones insalubres— que provoca enfermedades gastrointestinales. Otros presentaban úlceras por presión e infecciones cutáneas por hongos.
Ginecólogos especializados y médicos forenses se reunieron con cada paciente para ofrecerles asistencia con un enfoque sensible al trauma, brindando a las mujeres la posibilidad de documentar pruebas de violencia sexual para los registros internacionales de crímenes de guerra, sin ejercer presión alguna para que se sometieran a exámenes médicos.
Las mujeres permanecieron hospitalizadas durante un periodo de entre 24 horas y cinco días.
«En la medicina convencional, se da el alta a los pacientes tan pronto como están estables, ya que los hospitales conllevan riesgos de infección», señaló Nutman. Dado que las mujeres provenían de comunidades cercanas a la frontera con Gaza, «no tenían hogares a los que regresar, pues sus kibutzim habían sido destruidos. Nos dimos cuenta de que nuestra labor no se limitaba a la atención médica física; también consistía en brindarles protección».
Eliakim-Raz, del hospital Beilinson, afirmó que el estudio realizado en el hospital Wolfson «describe de manera excepcional el conmovedor programa de recepción e ingreso para los rehenes que regresan».
Y añadió: «El equipo llevó a cabo una labor verdaderamente notable e inspiradora».
«A partir de esta realidad —agregó Eliakim-Raz—, los hospitales que recibieron a los rehenes liberados desarrollaron una especialización y una comprensión profunda y singular del trauma complejo».
Nutman señaló que, si bien el hospital Wolfson mantiene un seguimiento periódico y una política de puertas abiertas para los rehenes liberados, no los incluirá en estudios longitudinales formales.
«Ya han sufrido bastante», afirmó.
Nutman considera que documentar los protocolos clínicos del hospital será de gran utilidad para los equipos humanitarios de todo el mundo.
«Esperamos sinceramente que nadie más tenga que enfrentarse a tales atrocidades», dijo. «Pero, lamentablemente, existen crisis humanitarias y situaciones de toma de rehenes en otras partes del mundo. Nos pareció importante publicar este estudio para que, si otros deben afrontar circunstancias similares, puedan consultarlo y ofrecer una mejor atención».
Fuente: TheTimesofIsrael- Traducido por UnidosxIsrael
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