Más de 100 días después de que las FDI entregaran tres aldeas del sur del Líbano al ejército libanés, han regresado grupos de ayuda vinculados a Hezbolá y las conversaciones sobre la supervisión siguen estancadas, lo que genera temores en Israel de que este experimento fallido pueda derivar en la reanudación de los combates.

El programa piloto en el Líbano parece cada vez más un fracaso, con consecuencias potencialmente graves para la seguridad de Israel. Han transcurrido más de 100 días desde que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) transfirieron el control de tres aldeas en el sur del Líbano al ejército libanés; sin embargo, Hezbolá está regresando gradualmente a las zonas que había evacuado.
En lugar de producirse un desmantelamiento progresivo de la infraestructura de Hezbolá y una expansión del control del ejército libanés, la organización terrorista está logrando volver a la zona, reactivar parte de sus redes civiles y restablecer su influencia entre la población local.
Las tensiones ya están aumentando
A medida que los resultados de la prueba piloto se vuelven cada vez más claros, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han atacado, por primera vez en varias semanas, a sospechosos que se aproximaban a sus fuerzas en el Líbano. El ejército empleó un dron «Zik» contra dos sospechosos que viajaban en una motocicleta en la localidad de Qabrikha, en el sur del Líbano, causando la muerte de al menos uno de ellos. El fallecido fue identificado como Nasr Mohammed Younes, miembro de un equipo médico de los «Scouts Risala», vinculados al movimiento Amal. Este ataque selectivo —un hecho relativamente inusual— es el primero en varias semanas contra sospechosos que, según funcionarios de seguridad israelíes, representaban una amenaza inmediata para las tropas al acercarse demasiado. El incidente se produce en el contexto de los ataques que las FDI continúan llevando a cabo contra la infraestructura de Hezbolá.
En este contexto, marcado por lo que parece ser un fracaso inicial, existe una incertidumbre política tanto en Israel como en Estados Unidos. Las conversaciones entre las partes sobre un mecanismo para supervisar el acuerdo llevan meses estancadas, y sigue sin haber consenso sobre cómo garantizar que el ejército libanés esté desmantelando efectivamente la infraestructura de Hezbolá. Según funcionarios israelíes, el ejército libanés no está realizando registros suficientes y, como se ha informado anteriormente, evita entrar en domicilios particulares o inspeccionar propiedades privadas.
Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) mantienen posiciones defensivas, aunque con un número de efectivos considerablemente menor al que tenían durante la maniobra terrestre y el periodo previo a la demolición de la red de túneles bajo la cresta de Ali al-Taher, a principios de septiembre. Las tropas continúan realizando labores de limpieza en la zona y preparándose ante la posibilidad de que se reanuden los combates. Tras concluir las operaciones en la cresta, las fuerzas han adoptado un despliegue defensivo, con una presencia mucho más reducida que durante la fase de operaciones intensivas.
Hezbolá está aprovechando este periodo para reconstruir sus capacidades, hacer regresar a sus operativos a la zona y recopilar información de inteligencia sobre las fuerzas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). El ejército no revela detalles sobre los dispositivos que intercepta a lo largo de la frontera norte, pero se cree que, al menos algunos de ellos, son drones de Hezbolá utilizados para tareas de reconocimiento y vigilancia.
Uno de los ejemplos más claros de la brecha entre los objetivos previstos y la realidad sobre el terreno proviene de Zawtar al-Gharbiyeh, la localidad donde comenzó la implementación del acuerdo. Tras el despliegue del ejército libanés en la zona a finales de julio de 2026, empezaron a reaparecer organizaciones vinculadas a Hezbolá. Informes y material audiovisual recopilados por el Centro de Investigación y Educación Alma (Alma Research and Education Center) indican el retorno de organizaciones civiles asociadas a Hezbolá, entre ellas la Organización Islámica de Salud y la Asociación Wataawano, cuyo nombre significa «ayudarse mutuamente». En otras palabras, no son solo los residentes quienes regresan a la localidad, sino también organizaciones afiliadas a Hezbolá.
El retorno de Hezbolá
En un video, se observa a miembros de la Organización Islámica de Salud de Hezbolá recuperando los cuerpos de operativos del grupo en la localidad, acompañados por personal del ejército libanés. El hecho de que la propia organización haya difundido públicamente documentación de esta actividad indica que su presencia es abierta, y no oculta ante el ejército libanés. La Organización Islámica de Salud, que opera bajo el Consejo Ejecutivo de Hezbolá, presta servicios médicos; sin embargo, según información presentada por el Centro Alma, también forma parte de la red de apoyo más amplia de la organización.
La Asociación Wataawano, otra entidad civil vinculada a Hezbolá, también ha regresado a la localidad. Aunque la asociación se define a sí misma como una organización benéfica, el análisis de materiales de acceso público sugiere que sus actividades también sirven para establecer influencia y generar una dependencia social y económica entre los residentes locales.
La actividad en Zawtar al-Gharbiyeh no es un hecho aislado. Desde el primer alto el fuego en noviembre de 2024, la asociación Wataawano ha puesto en marcha una campaña para instalar decenas de estructuras portátiles en todo el sur del Líbano, supuestamente con el fin de proporcionar alojamiento temporal a los residentes cuyas viviendas resultaron dañadas. Sin embargo, algunas de estas estructuras también tenían como objetivo permitir que Hezbolá restableciera sus actividades civiles y de inteligencia en el sur, ofreciendo una red alternativa a las instalaciones vinculadas anteriormente a la organización «Verde sin Fronteras» (Green Without Borders), que había sido objeto de ataques por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Algunas de estas nuevas estructuras fueron destruidas posteriormente por las fuerzas israelíes.
Lo que ocurre en Zawtar al-Gharbiyeh no se limita simplemente a quién financia la reconstrucción o quién entrega las unidades de vivienda a los residentes. La cuestión fundamental es quién está realmente presente sobre el terreno, quién distribuye la ayuda, quién acompaña a los residentes en su retorno y a quién perciben ellos como la autoridad que satisface sus necesidades. El panorama que emerge sugiere que Hezbolá y el movimiento Amal siguen desempeñando un papel central en la vida civil, junto a las instituciones del Estado libanés.
Imágenes adicionales, que datan de octubre, demuestran que esta presencia se extiende más allá de Zawtar al-Gharbiyeh. En Froun, otra de las localidades incluidas en el proyecto piloto, se documentó la presencia de soldados del ejército libanés junto a miembros de la «Organización Islámica de la Salud» —vinculada a Hezbolá— y de los «Scouts Risala» —vinculados a Amal— durante la recuperación de un cuerpo tras una explosión causada por restos de guerra. Al igual que en la primera localidad del proyecto piloto, se observó a organizaciones civiles afiliadas a los movimientos chiíes operando junto a soldados libaneses.
Desde la perspectiva de Israel, la situación resulta especialmente preocupante, ya que el proyecto piloto pretendía comprobar si el ejército libanés podía ocupar el vacío dejado por las FDI e impedir el retorno de Hezbolá. Sin embargo, sobre el terreno —al menos en algunas de las zonas concebidas como modelo para la implementación del acuerdo—, las redes de la organización están volviendo a activarse. En esta etapa, Hezbolá no necesita necesariamente mostrar una presencia militar abierta para recuperar su control; puede apoyarse, en cambio, en sus organizaciones civiles.
Asimismo, los funcionarios israelíes estiman que Hezbolá está aprovechando el periodo actual para reconstruir sus capacidades militares y prepararse ante la posibilidad de una nueva ronda de combates. Al mismo tiempo, es importante recordar que Hezbolá se encuentra en su posición más débil en años. Sus capacidades militares han sufrido daños considerables y su posición dentro del Líbano también se ha visto gravemente debilitada. Su principal valedor, Irán, atraviesa, a su vez, una situación difícil.
Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) continúan operando en la zona, manteniendo posiciones defensivas y realizando labores de limpieza del territorio. Sin embargo, estas actividades se desarrollan bajo las restricciones del acuerdo y en un contexto en el que, según funcionarios israelíes, el ejército libanés no está ofreciendo la respuesta que de él se esperaba.
No obstante, la posibilidad de cambiar esta situación no depende únicamente de las FDI. La incertidumbre política en Israel y Estados Unidos, sumada al estancamiento en torno al mecanismo de supervisión y a la falta de consenso sobre la implementación de los acuerdos ya existentes, ha generado un bloqueo diplomático que dificulta cada vez más la toma de decisiones.
Fuente: Ynet- Traducido por UnidosxIsrael
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