Análisis: Tras años de guerra que agotaron las municiones y el personal militar, la creciente presencia militar de Turquía en Siria subraya la necesidad de que Israel expanda la producción nacional, reponga sus reservas y financie las fuerzas que necesitará para la próxima guerra en múltiples frentes.

Las tensiones entre Israel y Turquía se intensifican. Tras un ataque israelí contra la base aérea de Abu al-Duhur en Siria, y en medio de la preocupación por la creciente presencia militar turca en el país, el Ministerio de Defensa turco declaró que Ankara continuaría ayudando a Siria a desarrollar su infraestructura y capacidades militares.
Turquía ha negado tener previsto establecer una base en el lugar, pero no ha ocultado su intención de seguir ampliando su participación militar en Siria.
Israel no considera a Turquía un Estado enemigo. Más bien, los planificadores de defensa israelíes la consideran un país cuya alineación estratégica podría cambiar: un Estado cuyas relaciones e intereses pueden variar y que ya es una potencia militar significativa que está expandiendo su influencia en toda la región.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han salido de tres años de guerra con una enorme presión sobre sus reservas de armas, sistemas militares y personal. Israel se enfrenta a amenazas de Irán, Hezbolá, Hamás, Siria y Yemen, y cada escenario requiere capacidades diferentes. Mientras tanto, las fuerzas armadas deben mantener la capacidad de combatir en múltiples frentes, en lugar de asumir que cada frente entrará en acción de forma aislada.
Las deficiencias que han surgido en el fortalecimiento de las fuerzas armadas son sustanciales, como hemos advertido en varias ocasiones. Los funcionarios de defensa afirman que no pueden revelarlas todas, y con razón. Parte de la información se refiere a las reservas de municiones y misiles, otra a la capacidad de producción y otra a los planes de adquisición.
Pero la implicación general es clara: las fuerzas armadas lograron sostener años de combate, pero al hacerlo también consumieron recursos destinados a sus necesidades futuras.
Precisamente por eso el debate sobre el presupuesto de defensa de Israel es tan trascendental.
Israel ha estado debatiendo el plan de fortalecimiento militar propuesto por el primer ministro Benjamin Netanyahu, estimado en unos 350 mil millones de séqueles (115.500 millones de dólares) a lo largo de una década. Funcionarios del Ministerio de Finanzas han advertido sobre la magnitud del programa, mientras que en las últimas semanas han resurgido rumores de que Netanyahu quiere reabrir el presupuesto estatal para destinar fondos adicionales al rearme.
Sin embargo, funcionarios de defensa afirman que el dinero asignado hasta ahora se ha destinado principalmente a las operaciones actuales y a la gestión de la guerra. Consideran que esto no es suficiente.
La financiación operativa permite a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) seguir desplegando las fuerzas que ya posee. Desde el inicio de la guerra, el ejército ha gastado más de 100 mil millones de séqueles (33 mil millones de dólares). Esto incluye el pago de reservistas, el mantenimiento de aeronaves, tanques y buques de guerra, la compra de municiones necesarias de inmediato y el mantenimiento del sistema militar operativo.
La financiación para un rearme militar tiene un propósito diferente: crear las fuerzas que Israel prevé necesitar dentro de cinco y diez años.
Ese dinero permite a Israel encargar submarinos y buques de guerra, ampliar las líneas de producción de misiles e interceptores, reponer y aumentar sus reservas, comprar sistemas de defensa, construir infraestructuras y aumentar la capacidad de fabricación nacional.
En esta ecuación, el tiempo es la variable más importante.
Aunque el gobierno decidiera mañana mismo proporcionar toda la financiación necesaria, los sistemas no llegarían al día siguiente. En algunos casos, la planificación, la fabricación, la entrega y la integración tardan años.
Una señal de alerta para Israel
Cada mes que pasa sin una decisión presupuestaria es un mes más que retrasa la fecha en que las nuevas capacidades militares podrán entrar en funcionamiento.
Los estadounidenses ya aprendieron esta lección por las malas en la guerra con Irán. Estados Unidos entró en el conflicto con arsenales de armas mucho mayores que los de Israel, pero el uso intensivo de municiones e interceptores de misiles agotó rápidamente esas reservas. Washington ahora se enfrenta a años de inversión para reponer sus inventarios.
Esto debería servir de advertencia a Israel: no puede depender de un «puente aéreo» estadounidense ilimitado de armas y suministros.
Estados Unidos es el aliado más importante de Israel, pero también tiene arsenales y capacidad de producción limitados, así como otros posibles conflictos para los que debe prepararse. En una guerra a gran escala, Israel necesitará suficientes reservas propias para sostener un combate prolongado. Esto hace que una mayor independencia industrial sea esencial. Israel debe aumentar la producción nacional de municiones e interceptores de misiles, expandir las líneas de producción y mantener mayores reservas estratégicas. No porque Israel busque distanciarse de Estados Unidos, sino porque la alianza no puede sustituir la responsabilidad de Israel de desarrollar y mantener sus propias capacidades militares.
Turquía añade otra dimensión.
Luego está Turquía, donde la disparidad es particularmente significativa en el mar.
La armada turca opera 14 submarinos, 17 fragatas y decenas de otros buques. Turquía construye sus propios buques de guerra y está desarrollando capacidades navales cada vez más avanzadas. Israel, en comparación, tiene seis submarinos y una flota de superficie considerablemente menor.
Pero la distinción es importante: cerrar la brecha militar con Turquía no es el problema que el presupuesto actual de Israel debe resolver.
La financiación que ahora falta se necesita, en primer lugar, para cerrar las brechas de capacidad existentes frente a los adversarios actuales de Israel: Irán, Hezbolá, Hamás, Siria y la amenaza de Yemen.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ya han combatido contra todos ellos. Ya han gastado municiones en esos escenarios y deben prepararse para la próxima ronda de combates en cada frente.
Turquía añade otra dimensión a este panorama estratégico e ilustra lo que podría suceder si Israel continúa retrasando su rearme militar. Un país cuya orientación estratégica podría cambiar y que está emergiendo como una importante potencia militar regional es precisamente la razón por la que las capacidades militares deben desarrollarse con anticipación, en lugar de ensamblarse apresuradamente en respuesta a una crisis.
Algunos han argumentado que el primer ministro Benjamin Netanyahu está intensificando las tensiones con Turquía por razones políticas. Esta vez, no es así: fueron las FDI quienes impulsaron la acción en Siria.
Quienes conocen al jefe del Estado Mayor de las FDI, el teniente general Eyal Zamir, y a la alta cúpula militar saben que no permiten que la clase política arrastre a las fuerzas armadas a cualquier operación que elija.
Cisjordania es un ejemplo. Cuando el ministro de Defensa, Israel Katz, solicitó una operación para tomar el control de otro campo de refugiados palestinos, el ejército evaluó tanto la necesidad operativa como el costo potencial.
Cuando los líderes militares consideran que una operación es innecesaria, saben cómo decirlo. El jefe del Estado Mayor no es un mero instrumento.
Por lo tanto, debería hacerse la misma distinción entre política y realidades de seguridad cuando se trata de Turquía.
La decisión final recae en Netanyahu.
Sin embargo, al final, la responsabilidad vuelve a Netanyahu.
Aunque el Ministerio de Finanzas no proporcione los fondos, la responsabilidad no puede limitarse al ministro de Finanzas ni a los funcionarios del ministerio.
Netanyahu es el primer ministro. Anunció el plan de rearme militar. Es él quien presenta las amenazas que enfrenta Israel. Y es él quien debe decidir si Israel estará preparado para su próxima guerra, de modo que el país no repita los fracasos del 7 de octubre de 2023, cuando terroristas liderados por Hamás atacaron el sur de Israel.
La disputa no se reduce a añadir unos pocos miles de millones de séqueles al presupuesto de defensa. Implica decenas de miles de millones de séqueles y una cuestión más fundamental: si Israel está dispuesto a pagar ahora por el ejército que necesitará dentro de cinco años.
Turquía podría representar la próxima amenaza. Pero Irán, Hezbolá, Hamás y Siria son amenazas que ya están presentes.
Y si Israel ya carece de la financiación necesaria para subsanar sus deficiencias de capacidad frente a esos adversarios, el problema del rearme militar del país es considerablemente mayor de lo que sugiere el debate presupuestario actual.
Fuente: Ynet- Traducido por UnidosxIsrael
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