La película relata la historia, en gran medida pasada por alto, de Michel Cojot, un judío francés, superviviente del Holocausto y cazador de nazis, que ayudó a otros rehenes durante la crisis de los rehenes en Entebbe.

Cuando Boaz Dvir voló de Estados Unidos a Israel a finales de septiembre para presentar su nueva película, “To Kill a Nazi” (Matar a un nazi), no esperaba que su historia cobrara una nueva relevancia. Sin embargo, justo cuando Dvir llegaba, el frustrado intento de secuestro de un vuelo de flydubai con destino a Israel ofreció un sorprendente eco de los hechos que narra su filme.
La película relata la historia, en gran medida olvidada, de Michel Cojot, un superviviente francés judío del Holocausto y cazador de nazis que ayudó a otros rehenes durante la crisis de Entebbe y, más tarde, proporcionó información de inteligencia que contribuyó a la misión de rescate israelí. Para Dvir, la coincidencia temporal resultó impactante.
“Mientras voy conduciendo, ¿qué es lo que escucho?”, comentó a la Jewish Telegraphic Agency. “¿Que alguien intentó secuestrar un avión que volaba de Dubái a Israel para perpetrar un ataque terrorista al estilo del 11 de septiembre? ¿Y que fueron los pasajeros quienes salvaron la situación? ¿Gente común y corriente?”.
«Y, por supuesto, la gente sacaba el tema allá donde iba, porque los paralelismos son asombrosos».
Michel Goldberg nació en París en 1938. Tras la invasión nazi, su padre, Joseph Goldberg, fue capturado y enviado a Auschwitz, donde fue asesinado. Según sus memorias de 1982, tituladas «Namesake», Michel creció en la llamada «zona libre» de Francia —que los nazis también ocuparían a partir de 1942— y adoptó el apellido de su padrastro después de que su madre volviera a casarse.
El papel de Cojot en el rescate de 102 rehenes israelíes
Tras convertirse en un banquero de éxito, Michel se alió con el célebre matrimonio de cazadores de nazis Beate y Serge Klarsfeld y, en 1975 —mientras trabajaba en Sudamérica—, puso en marcha un plan para localizar y acabar con Klaus Barbie, el comandante de la Gestapo que había firmado la orden de detención del padre de Cojot y que, por aquel entonces, se encontraba escondido en Bolivia.
Haciéndose pasar por periodista, un Cojot armado se reunió con el «Carnicero de Lyon»; sin embargo, cuando tuvo la oportunidad, no apretó el gatillo. En sus memorias, escribió que Barbie merecía, en cambio, vivir con el temor constante a represalias, y que el asesinato era una solución «nazi».
Un año después de su misión en Bolivia, Cojot y su hijo viajaban en el fatídico vuelo de Air France que, procedente de Tel Aviv y con destino a Francia, fue secuestrado por terroristas palestinos y radicales de extrema izquierda de Alemania Occidental, con 102 israelíes a bordo. El suceso derivó en una tensa situación en el Aeropuerto Internacional de Entebbe, en Uganda, que culminó con un heroico rescate llevado a cabo por comandos israelíes.
Durante los siete días que duró la crisis, Cojot actuó como traductor e intermediario entre los secuestradores y los pasajeros. Cuando el dictador ugandés Idi Amin se dirigió a los rehenes, Cojot tradujo sus palabras del inglés al francés. Incluso se le atribuye haber convencido al cabecilla de los secuestradores, Wilfried Böse, de liberar a los rehenes que no eran israelíes. Tras ser liberado, Cojot proporcionó información al Mossad —incluida la distribución del lugar donde permanecían retenidos los rehenes—, lo cual resultó de gran ayuda para la misión de rescate, denominada «Operación Rayo» (Operation Thunderbolt).
Más tarde, Cojot escribió un libro sobre los crímenes de Barbie y, a finales de la década de 1980, testificó en el juicio contra él por crímenes de guerra. Barbie fue condenado a cadena perpetua y falleció de cáncer en 1991. Cojot, por su parte, murió en 1999. Aunque la historia de Entebbe es muy conocida, el papel que desempeñó Cojot suele quedar fuera de los relatos sobre el suceso. Ninguna de las películas que abordan el rescate —la más reciente, 7 días en Entebbe (2018)— lo incluye como un personaje relevante.
Divir espera brindar a este héroe olvidado el reconocimiento que merece. El cineasta, nieto de supervivientes del Holocausto y nacido en Petah Tikva pocas semanas después de la Guerra de los Seis Días en 1967, recuerda la crisis de Entebbe, que se prolongó durante una semana. Por aquel entonces, tenía nueve años.
«Yo era como la mayoría de los niños israelíes de aquella época: pasaba casi todo el día fuera, jugando», cuenta Dvir. «Pero mi hermano —que era un año menor que yo— y yo decidimos que, en solidaridad con los rehenes, nos quedaríamos en casa sin salir; y así lo hicimos durante toda esa semana».
Al terminar la semana, recuerda que su padre lo despertó y le dijo: «Las FDI lo han logrado».
«Supimos de inmediato a qué se refería. Por supuesto, nos alegramos muchísimo por todos —por los rehenes liberados y por los militares—, pero también nos alegraba poder volver a salir a la calle», relata Dvir.
Si bien los relatos sobre el episodio de Entebbe omitían la labor de Michel Cojot, otro francés —el piloto Michel Bacos— ha sido a menudo reconocido como un héroe de aquellos sucesos por haberse negado a ser liberado durante la primera puesta en libertad de los rehenes. La mayoría de las necrológicas de Bacos, fallecido en 2019 a los 95 años, mencionan este hecho.
Las investigaciones de Dvir le llevaron a cuestionar el relato de Bacos sobre los acontecimientos.
De hecho, en un principio, Dvir tenía previsto realizar un documental sobre Bacos. Sin embargo, sus investigaciones —que incluyeron una entrevista con el propio Bacos— llevaron a Dvir, periodista y profesor de periodismo en Penn State, a poner en duda la versión de los hechos ofrecida por Bacos.
No obstante, aquellos antiguos rehenes seguían mencionando a otro Michel: un auténtico héroe. «La historia que yo conocía tan bien —la Operación Thunderbolt, con la que crecí— cobró de repente un significado totalmente nuevo», afirma Dvir.
La película incluye entrevistas con los cuatro hijos de Cojot —entre ellos Olivier, quien estuvo con él en Entebbe—, así como con varios rehenes y expertos; el propio Cojot aparece en imágenes de archivo.
Dvir también compuso la música del filme, interpretada en la banda sonora por músicos de Penn State.
Dvir trabajó en el proyecto durante casi una década; de hecho, ya en 2018 lo presentó públicamente como una obra en proceso.
«Este proyecto ha requerido mucho más tiempo que la mayoría de mis otros trabajos», comenta el director. Una voz conocida narra la película: la de Jason Alexander, el actor judío famoso principalmente por su papel en «Seinfeld». El representante y socio comercial de Dvir es amigo de Alexander, quien aceptó realizar la narración tras ver un montaje preliminar del filme.
«To Kill a Nazi» se estrenó en el festival Dances With Films en junio. También se ha proyectado en el Festival de Cine Judío de Nashville y en el Festival Internacional de Cine de Croacia, además de tener su estreno en la ciudad de Nueva York el 16 de octubre, en el cine Regal Battery Park, como parte del Chelsea Film Festival.
Asimismo, está previsto que la cinta se proyecte en el Festival de Cine de Austin, el Festival de Cine Judío de Boulder y el Festival de Cine Judío de Silicon Valley el 29 de octubre; en el Galaxy Theatre de Austin, Texas, el 31 de octubre; y en el Festival de Cine Judío de Harrisburg el 12 de noviembre. Dvir espera que alguna plataforma de streaming adquiera la película.
Algunos cineastas judíos e israelíes, especialmente a raíz de los sucesos del 7 de octubre, han manifestado que han tenido dificultades para incluir sus obras en festivales.
Dvir señaló que, si bien «To Kill a Nazi» está «funcionando muy, muy bien» y ha sido aceptada en diversos festivales —tanto judíos como de otra índole—, «ha requerido un esfuerzo mayor al que estoy acostumbrado a realizar».
«No tengo pruebas de ello, pero tengo la impresión de que hay algunos festivales de cine a los que enviamos la obra que quizá ni siquiera la vieron realmente ni le dieron una oportunidad justa», señaló Dvir, quien denunció los aparentes boicots contra otras películas y artistas. «A fin de cuentas, en realidad no importa. Al fin y al cabo, solo podemos participar en un número limitado de festivales. Estoy muy contento con lo que hemos conseguido».
Fuente: JPost- Traducido por UnidosxIsrael
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